lunes, 16 de noviembre de 2009

Mi confrontación con la docencia

Empecemos con mis antecedentes familiares, mi bisabuela, mi abuelo, mi mamá, cuatro tíos y dos de mis primas somos maestros, todos ellos de primaria, así que se puede decir que lo traigo en la sangre pero a diferencia de ellos, yo no quería trabajar con niños sino con jóvenes.
Hasta la preparatoria estudié en Tabasco, yo quería estudiar en la Facultad de Educación de la UADY, presenté mi examen de admisión, siempre entran dos grupos, pero ese año habían aumentado un semestre a la carrera por lo que sólo había cupo para uno de 35 alumnos, yo quedé en el lugar 55, me sugirieron que esperara al próximo, que seguro entraría porque ya serían los dos grupos, pero me desesperé y fui a mi segunda opción, la Licenciatura en Administración de Empresas Turísticas, carrera que cursé en la Universidad Anahuac de Mérida Yucatán.
Pasaron los años, siempre que podía expresaba mi deseo de ser docente, hasta que hace apenas año y medio se presentó la oportunidad, empecé impartiendo Emprendedor de negocios, Inglés II y tutoría IV.
Bien dicen que cuando deseas algo con todo tu corazón por alguna razón sucede lo que tanto anhelas, a así me sucedió, disfruto ser profesora, porque sé que es lo que quiero ser, esta profesión significa crecimiento constante, lo que me hace sentirme viva, he probado otros oficios y ninguno se puede comparar, realmente me hace sentir que tengo una razón para estar aquí, que todo lo que hago vale pena porque no sólo es para mí, un poco se queda en cada joven al que le doy clases.
Ser docente en el nivel medio superior es una labor compleja, pues no sólo es transmitir conocimientos, hay que entender muy bien lo que es ser adolescente, debemos ser empáticos, la etapa que ellos están viviendo no es fácil, están buscando su identidad y en esa búsqueda se pueden perder, debemos ser orientadores pero también debemos se prudentes en los consejos que les damos porque no todos somos psicólogos, debemos ser amigos para que se sientan confiados, pero también hay saber marcar la línea profesor-alumno.
Las satisfacciones son muchas, pero la que a mí más me ha llegado al corazón es cuando ellos me preguntan qué tienen que hacer para ser profesora como yo, cuando me piden un consejo y lo aplican, ayudar en su crecimiento como seres humanos.
Claro, no todo es miel sobre hojuelas, es muy triste para mí ver cuantos alumnos empiezan y como van disminuyendo en cada semestre, los problemas sociales y económicos que impiden continuar, los padres que no están pendientes de sus hijos y no llegan a las juntas, esa impotencia de querer ayudar y no poder es muy frustrante.

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